TÉ KUKICHA.BANCHA O TÉ DE LOS TRES AÑOS.

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El kukicha es té verde (Camellia sinensis), específicamente las ramitas o tallos curadas al sol y tostadas. Se le llama té de tres años porque las ramas deben tener al menos ésa edad antes de recolectarlas, por lo que, al ir envejeciendo, van perdiendo teína. En algunos casos se tuestan tres y cuatro veces consecutivas, a fin de que se volatilicen sus elementos más aromáticos. Es éste tostado lo que le aporta el sabor ligero y dulce, con un toque de frutos secos, que le caracteriza. Además elimina prácticamente la teína, evitando los efectos excitantes del té verde.

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Camellia sinensis
Con las hojas del té verde de tres años se hace el bancha, de sabor más aromático.

Sin embargo el kukicha mantiene las otras propiedades del té verde, como el gran poder antioxidante, añadiendo algunos efectos propios altamente beneficiosos:

Es un gran remineralizante, y una buena fuente de calcio. Contiene también cantidades a tener en cuenta de zinc, selenio, cobre, manganeso y flúor. Además es rico en vitaminas del grupo B, vit. A, vit. C y flavonoides.

También funciona muy bien como digestivo, y ayuda a neutralizar la acidez estomacal.

Tiene bastante eficacia para detoxificar un hígado graso cuyo origen no sea de tipo alcohólico.

Al ser té verde, mantiene la riqueza en catequinas exclusiva del mismo, y cuyos efectos anticancerígenos han sido bastante estudiados.

Su gran efecto diurético lo convierte en un buen aliado en dietas de adelgazamiento, puesto que ayuda a eliminar líquido sobrante. Además aumenta el tejido adiposo pardo, que promueve la Termogénesis (Al metabolizar las grasas, en vez de almacenarlas convierte ésa energía en calor, más fácil de disipar) vía sistema nervioso simpático. A pesar de la extendida creencia de que el té verde es un buen quemador de grasas debido a su contenido en cafeína (Teína), lo cierto es que actúa como termogénico. Se ha comprobado que es la interacción entre catequinas y polifenoles, en sinergia con la cafeína (Teína) y el calcio, lo que le da al té su efecto reductor. La mencionada interacción inhibe el enzima que degrada la noradrenalina, permitiendo que permanezca más tiempo en el cuerpo. Esto sube la temperatura corporal y acelera la tasa metabólica (La velocidad a la que se queman las calorías), aumentando el gasto metabólico. La cafeína o teína aporta su ligero efecto quemador de grasas y colabora en la termogénesis. Por su parte, el calcio se encarga de facilitar la eliminación fecal de grasas.

Lógicamente, acelerar el metabolismo no es un método que deba mantenerse en el tiempo ni utilizarse de forma irresponsable. Pero sí puede resultar interesante como coadyuvante en dietas de pérdida de peso, o cuando existe obesidad. La razón es que las personas con obesidad tienden a tener el metabolismo ralentizado; de hecho, a pesar de sentir más calor debido a la mayor cantidad de grasa, su temperatura suele ser más baja de lo normal.

Sin embargo, el té kukicha estaría más indicado para mantener la pérdida de peso que para perderlo. Sería más indicado el té rojo con jengibre, ya que el efecto termogénico se vería potenciado por su mayor contenido en polifenoles y teína. Debido al proceso de semifermentación, el té rojo contiene más alcaloides que el verde y menos que el negro, demasiado concentrado.

Afortunadamente, no todo son mitos y verdades a medias con respecto al kukicha. Su mayor virtud es su gran poder alcalinizante. Es ya de sobra conocido que nuestra actual alimentación (rica en azúcares, proteína animal, grasas saturadas, alimentos procesados, conservas, etc...) y nuestro actual modo de vida (sedentario, estresante, en ciudades contaminadas por la polución, faltos de descanso y ocio, etc...) acidifica nuestro cuerpo. Y es también sabido que el cuerpo enferma y muere en un terreno ácido y oxidado.

El kukicha mantiene las propiedades antioxidantes del té verde, carece de las excitantes y suma además la capacidad de alcalinizar nuestro organismo.


Lo más curioso es que esta interesante bebida está constituida de ramitas precisamente porque su origen procede de los recolectores de té, que usaban las partes descartadas de la planta para hacer sus infusiones. Afortunadamente, gracias a la macrobiótica sus beneficios se dieron a conocer en occidente, legándonos el secreto de éste oro líquido.

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