TIENES COSQUILLAS?




Las cosquillas son una reacción nerviosa que se presenta a nivel cutáneao y muscular, y responde a diferentes estímulos poniendo nuestro cuerpo alerta y tenso.


¿Por qué nos reímos de manera incontrolada cuando nos hacen cosquillas?
Científicos alemanes de la Universidad de Tubinga han dado con la respuesta: las cosquillas activan una parte del cerebro, en concreto del hipotálamo, que anticipa el dolor. Según los invetigadores, la explicación evolutiva es que el hecho de que los padres hicieran cosquillas a su descendencia cumplía un fin: ayudarles a practicar cómo reaccionar ante un peligro.
Eso explica por qué las áreas donde sentimos cosquillas son las más vulnerables, y por qué a veces involuntariamente le pegamos un golpe a la persona que intenta hacernos cosquillas. Después de todo, tal y como explica el neurólogo Robert Provine, los ataques de cosquillas son "la forma más benigna de conflicto humano".
Si las cosquillas son prolongadas lo normal es que a ellas se sume una tremenda risa nerviosa y pequeños espasmos en zonas específicas del cuerpo. Esta reacción hace que liberemos enormes cantidades de endorfinas y es por eso que la percibimos como placentera; pero al mismo tiempo enciende respuestas de alarma y tensión en nuestro cerebro y por eso podemos sentirla como poco agradable.
En la mayoría de las personas, el pie derecho siente más cosquillas que el pie izquierdo.
Los primeros en sugerirlo fueron científicos italianos en 1980. Casi dos décadas después, en 2001, Jacquelie L. Smit y Peter Cahusac, de la Universidad de Stirling (Reino Unido), crearon de forma pionera un aparato de cosquillas, dotado de una varilla de nylon que rozaba la piel en tres ocasiones a intervalos de un segundo, para comprobar la hipótesis de la asimetría en las cosquillas.
Se sometieron al experimento 34 personas, y los investigadores corroboraron que, independientemente de si una persona es zurda o diestra, su sensibilidad a las cosquillas suele ser mayor en la planta del pie derecho. Los científicos sospechan que esta asimetría se debe a que el hemisferio izquierdo, que detecta los estímulos que se aplican en el pie derecho, está más implicado en las emociones positivas, entre ellas la risa.
Algunas personas sufren fobia a las cosquillas.
Concretamente, se llama pteronofobia al miedo injustificado, persistente y anormal a recibir cosquillas con plumas.
 Los animales también sienten cosquillas.
Un estudio del Centro de Neurociencias de la Universidad Bowling Green de Ohio (EE UU) reveló que las ratas de laboratorio literalmente chillan de placer cuando se les hace cosquillas y, como los humanos, las utilizan en sus juegos y para establecer vínculos sociales.
Menos sorprendente resulta quizás que tanto los orangutanes como los chimpancés, los gorilas y los bonobós tengan una relación similar a la de los bebés humanos cuando alguien les roza la piel con la intención de hacerles reír, como revelaba un estudio reciente dado a conocer en Current Biology.
La única diferencia, aseguran, es que mientras los humanos solo emitimos sonidos de risa al exhalar, los primates se ríen tanto cuando cogen aire como cuando lo sueltan.




Desde el punto de vista psicológico, se cree que el cosquilleo (el gesto de hacer y recibir cosquillas) es un modo primitivo de generar vínculos emocionales y placenteros entre padres e hijos. Esto quiere decir que las cosquillas
son una forma de expresar afecto y responden a una necesidad de construir intimidad entre dos o más personas. Pero también hay una teoría según la cual las cosquillas son una forma de dominación ejercida sobre todo entre niños.
Así, por ejemplo, un hermano mayor podría usar las cosquillas como forma de castigo sobre su hermano menor. Cuando un niño cosquillea a otro, experimenta una sensación de dominación. Ninguna de estas dos teorías excluye a la otra, de tal manera que las cosquillas, a nivel psicológico, pueden deberse a dos situaciones muy diferentes: la necesidad de generar un vínculo íntimo emocional o la necesidad de dominar.
Biológicamente, las cosquillas representan una ventaja evolutiva. Se ha propuesto una hipótesis científica que sugiere que el hecho de ser especialmente sensibles en algunas zonas del cuerpo, obliga a los individuos a estar alerta y desarrollar mecanismos de protección. Según esta hipótesis las cosquillas son una consecuencia evolutiva que cumple la función de mantenernos alerta y a salvo.
No todos sentimos cosquillas por las mismas razones ni con la misma intensidad. Si sientes más cosquillas que otras personas es porque seguramente tu cuerpo ha desarrollado más sensibilidad o tienes un temperamento más alerta. Esto quiere decir que tus instintos de autopreservación están literalmente más a flor de piel en ti que en otros.
Si, por el contario, no eres alguien cosquilloso, seguramente es porque tiendes a sentirte en control durante el contacto con otros, no te ves en situación de vunerabilidad cuando los demás se acercan a ti.
Existen dos tipos de cosquillas: la knimesis y la gargalesis. El primero es un tipo de reacción que los seres humanos tenemos en común con otros mamíferos, y se activa al contacto con insectos o pequeños organismos que pueden representar un peligro. Es un tipo de reacción que busca protegernos y hacernos estar alerta, y podemos incluso auto-provocarlo.
El segundo, la gargalesis, es el tipo de cosquillas que surge cuando tenemos contacto sorpresivo y prolongado con otro individuo y nos sobresaltamos. No podemos auto-inducirnos este tipo de reacción ya que aquí el factor sorpresa es el que hace que sintamos las cosquillas.




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