ADIOS A LA ANSIEDAD ( descarga el libro gratis)







Prácticamente todo el mundo sabe lo que es sentirse angustiado, preocupado, nervioso, asustado, tenso o lleno de pánico. 
Con frecuencia, sentir ansiedad o angustia no es más que una molestia, aunque a veces puede llegar a incapacitarle e impedirle hacer lo que quiere hacer de verdad con su vida. Sin embargo, voy a darle una gran noticia: usted sí puede cambiar cómo se siente. 
Se han desarrollado tratamientos nuevos y potentes para la depresión y para todos los tipos concebibles de ansiedad, tales como la preocupación crónica, la timidez, la ansiedad por hablar en pú- blico, la ansiedad por los exámenes, las fobias y los ataques de pánico. 

El objetivo del tratamiento no es una simple mejora parcial, sino la recuperación plena. 

Quiero que usted sea capaz de despertarse por las mañanas libre de miedos y lleno de ganas de emprender el día, diciéndose a sí mismo que es estupendo estar vivo.

 La ansiedad adopta muchas formas distintas. Vea si se reconoce en alguna de las pautas siguientes:

 • Preocupación crónica: se preocupa constantemente por su familia, su salud, su carrera profesional o su economía. Se le revuelve el estómago y tiene la impresión de que está a punto de pasarle algo malo, aunque no es capaz de determinar cuál es exactamente el problema. 
• Miedos y fobias: puede tener miedo a las agujas, a la sangre, a las alturas, a los ascensores, a conducir, a viajar en avión, al agua, a las arañas, a las serpientes, a los perros, a las tormentas, a los puentes o a quedarse atrapado en lugares cerrados. 
• Ansiedad por la actuación: se queda paralizado siempre que tiene que hacer un examen, actuar o hacer algo delante de otras personas o competir en una prueba deportiva.
 • Ansiedad por hablar en público: se pone nervioso cuando tiene que hablar ante un grupo porque se dice a sí mismo: «Temblaré y todos verán lo nervioso que estoy. Se me quedará la mente en blanco y haré el idiota. Todos me despreciarán y me tomarán por un neurótico total». 
• Timidez: se siente nervioso y apurado en las reuniones sociales porque se dice a sí mismo: «Todo el mundo parece encantador y relajado. Pero yo no tengo nada interesante que decir. Lo más probable es que se den cuenta de lo tímido que soy y de lo fuera de lugar que me siento. Deben de pensarse que soy una especie de tipo raro o de fracasado. Soy el único que se siente así. ¿Qué me pasa?». 
• Ataques de pánico: siente ataques de pánico repentinos, terribles, que parece como si aparecieran sin más y le atacaran de manera inesperada, como un rayo. 
En los ataques usted se siente mareado, el corazón le palpita con fuerza y tiene hormigueos en los dedos. Quizá se diga a sí mismo: «Debo de estar teniendo un ataque al corazón. ¿Y si me desmayo, o me muero? ¡No puedo respirar! ¿Y si me ahogo?». Intenta aferrarse a la vida. Al poco rato, la sensación de pánico desaparece de manera tan misteriosa como llegó, dejándolo a usted desconcertado, asustado y humillado. Se pregunta qué habrá pasado y cuándo volverá a pasarle aquello. 
• Agorafobia: le da miedo estar fuera de su casa porque piensa que le va a pasar algo terrible (que va a sufrir un ataque de pánico, quizás) y que no habrá nadie que pueda ayudarle. Puede tener miedo a los espacios abiertos, a los puentes, a las multitudes, a estar en la cola del supermercado o a viajar en transportes públicos. 
• Obsesiones y compulsiones: le acosan pensamientos obsesivos que no puede quitarse de la mente e impulsos compulsivos de realizar rituales supersticiosos para controlar sus miedos. Por ejemplo, puede que lo consuma el miedo a los microbios y que tenga el impulso irresistible de lavarse las manos una y otra vez, todo el día. O quizá se tenga que levantar varias veces después de acostarse para mirar la cocina, simplemente para cerciorarse de que no se ha dejado encendida la lumbre. 
• Trastorno de estrés postraumático: le acosan los recuerdos o imágenes de algún suceso terrible que sucedió hace meses, e incluso hace años, como una violación, unos malos tratos, torturas o asesinatos. • Preocupación por su aspecto físico (trastorno dismórfico corporal): le consume la sensación de que su aspecto tiene algo de grotesco o de anormal a pesar de que sus amigos y su familia le intentan tranquilizar diciéndole que tiene un aspecto normal. Puede que piense que tiene la nariz deformada, que le clarea el pelo o que su cuerpo tiene una forma rara. Puede que se pase muchísimo tiempo consultando a cirujanos estéticos o mirándose al espejo en el intento de corregir el defecto porque está convencida de que todo el mundo puede ver lo terrible que es su aspecto. 
• Preocupaciones por su salud (hipocondría): va de médico en médico quejándose de molestias, dolores, fatiga, mareos u otros síntomas. Está seguro de que padece alguna enfermedad terrible, pero el médico siempre le tranquiliza diciéndole que no le pasa absolutamente nada. Usted se siente aliviado durante algunos días, pero no tarda en empezar a obsesionarse de nuevo con su salud.

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