La vacuna contra el VPH: una aberración científicamente indemostrable

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La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) no dio prueba de inocuidad o de eficacia durante los ensayos clínicos. Varias preguntas quedan sin respuesta... Según las estadísticas médicas, el cáncer de cuello de útero solamente es responsable del 1% de los fallecimientos por cáncer entre las mujeres. ¿Es razonable, entonces, vacunar a las jóvenes que aún están lejos de tener la edad habitual de contactos sexuales con una vacuna cuya seguridad y eficacia son discutibles?

Creemos (es una suposición y no un hecho científico) que la principal causa del cáncer de cuello de útero es el virus del papiloma humano (VPH); pero no habría un solo VPH, sino varias decenas y unos cien ‘subtipos’. El GardasilMC, una vacuna homologada en Canadá, ha sido concebida para, supuestamente, prevenir algunos de ellos. Esta vacuna "protegería" contra dos tipos de riesgo elevado (16 y 18) y otros dos de menor riesgo (6 y 11).

Según las hipótesis y las estadísticas médicas, el VPH de tipo 16 y 18 estaría relacionado, en principio, con cerca del 70% de los cánceres de cuello de útero, mientras que los tipos 6 y 11 serían responsables de alrededor del 90% de las verrugas anogenitales. La vacuna no protegería contra cualquier otro tipo de infección del VPH ni tendría ningún tipo de efecto sobre una infección ya existente o células supuestamente precancerosas y cancerosas. Esta vacuna, que se debe administrar en tres dosis durante un período de seis meses, está dirigida a las niñas de entre nueve y trece años, antes de sus primeras relaciones sexuales, y a las jóvenes y mujeres de entre catorce y veintiséis,  ya sean sexualmente activas o no. No se recomienda a las mujeres embarazadas, puesto que, según dicen, los efectos potenciales sobre el embrión o la mujer que amamanta son desconocidos. No reconocen, en cambio, que sus efectos siguen siendo desconocidos en todos los casos, ya que, de ser así, correrían el riesgo de alarmar a las mujeres implicadas en esta campaña de vacunación, con todo lo que ello supone.

“Como carecemos de perspectiva sobre esta vacuna, podemos preguntarnos en qué medida una vacunación ampliada a una gran población no equivale, en la actualidad, a una especie de experimentación a gran escala”,

se inquieta el Dr. Marc Zaffran,
más conocido bajo su nombre de autor y seudónimo,
Martin Wilker.

“Experimentar una medicina en una población voluntaria, avisada por los riesgos, es una cosa; experimentarlo en una población que fue insuficientemente informada, es inadmisible.”


La red canadiense para la salud de las mujeres
expresa las mismas cautelas,
todas ellas desconocidas aunque muy numerosas.




 “Un examen cuidadoso de la documentación, incluyendo la que presentó el fabricante del Gardasil en el momento de depositar su solicitud de aprobación, suscita un número de interrogantes suficiente como para concluir que es prematuro, en esta fase, elaborar un programa universal de inmunización.”


“Todas las jóvenes quebequesas recibirán la vacuna” −titulaba La Presse del 12 de abril de 2008−. 
En este artículo, el Dr. Alain Poirier, director nacional de la Sanidad Pública, defendía la elección de vacunar a las jóvenes del cuarto año de primaria y del tercer año de secundaria justificándose de la siguiente manera:

 “Es en este momento cuando adoptamos la mejor respuesta inmunitaria”. 

Esta declaración supuso el sobresalto de varias personas bien informadas, puesto que es absurdo defender que el sistema inmunitario de un grupo de personas pertenecientes a un grupo de edad similar  reaccione mejor que otro –sobre todo si tenemos en cuenta que este sistema alcanza su "plena madurez" en la primera infancia y que, más tarde, su capacidad para "responder" dependerá del vivir de cada uno. 
Al titular que mencionábamos anteriormente le seguía un recuadro que, bajo el título “Una vacuna que molesta”, intentaba tranquilizar en cuanto a los posibles efectos secundarios de esta vacuna. 
Decía así: “un rumor que pretende alertar de que los efectos secundarios de esta vacuna son mortales está circulando, mientras que esta vacuna es totalmente segura.” 

Ninguna vacuna lo es y los datos que circulaban no eran rumores, sino hechos probados y fácilmente comprobables, uno tiene derecho a cuestionar la veracidad de tales afirmaciones. 
Pero lo que pudo desconcertar más al lector de este periódico (escogido aleatoriamente, porque hubiéramos podido tomar otro ejemplo y hacer el mismo ejercicio), si se trataba de un lector interesado en la actualidad, es el hecho de un año antes −el 23 de septiembre de 2007− un artículo titulado "¿Sin peligro, el Gardasil?" aportaba matices esenciales que, por supuesto, no se mencionaban en esta propaganda médica que defendía que la vacuna es ajena al riesgo. 

He aquí algunos extractos pertinentes que exigen reflexión, porque el "rumor" al cual se hacía referencia provenía en esta ocasión de fuentes médicas.


“Olvidamos demasiado fácilmente que, en las ciencias, es imposible evacuar toda duda”, dice David Butler-Jones, administrador en jefe de la Sanidad Pública en Canadá.


Denis Cournoyer, director de la oficina de ética de la investigación del Centro universitario de salud McGill, explica que “para esta vacuna, como para la casi totalidad de las nuevas medicinas, los estudios son financiados por la industria farmacéutica.

¿Podría ser realmente de otro modo? ¿Sería adecuado cargar al Estado del peso de la financiación de una medicina cuyos provechos de comercialización irían luego al farmacéutico?”

En lo referente a los dos fallecimientos y los trece casos de Guillain-Barré que se dieron entre personas que habían recibido la vacuna Gardasil, el doctor Cournoyer anota que el lazo de causa-efecto es débil, pero que las autoridades públicas deben dar prueba de vigilancia y procurar, cueste lo que cueste, saber si otros casos semejantes fueron registrados.

“Para esta vacuna, como para toda medicina o vacuna, se trata de ver si las ventajas sobrepasan los riesgos”, resume por fin el doctor Claude Fortin. (fin de la citación).


El próximo blanco: los jóvenes varones  


En conclusión, los médicos no se entienden entre sí; algunos afirman que la vacuna carece de riesgo y otros, todo lo contrario. En caso de duda generalmente se impone la abstención, sobre todo cuando es nuestra salud lo que está en juego.

Y esto es solo el principio porque, teniendo en cuenta las declaraciones de los investigadores americanos del M.D. Anderson Cancer Center, dentro de poco los jóvenes varones se convertirán también en el blanco de esta aberración:



“Con el fin de acelerar la reducción del VPH-16 en la población, la vacunación del conjunto de los adolescentes y de los jóvenes adultos de sexo masculino también debería ser considerado. Aunque la política de prevención del cáncer cervical mediante la vacunación de las adolescentes y de las jóvenes mujeres contra el VPH-16/18 (otra cepa importante responsable del cáncer) es laudable, tememos que los programas de vacunación que se limitan a las personas de sexo femenino solo retrasarán los beneficios potenciales en prevención de cánceres de la orofaringe, asociados con VPH-16/18, que típicamente sobrevienen en los hombres. Animamos al estudio rápido de la eficacia y de la inocuidad de estas vacunas entre las personas de sexo masculino y, si el estudio es concluyente, a la recomendación de vacunar a los jóvenes adultos y adolescentes de sexo masculino.”

Fuente: www.cnbc.com/id/20464563/

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 material de
NUEVA MEDICINA GERMÁNICA
según el Dr. Ryke Geerd Hamer




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