EL ARTE DE DOMINAR UNA TEMPESTAD

                                                                                                                                       ivan aivazovsky the ninth wave


Sabemos que una emoción no es más que una emoción.
Llega y permanece un momento y después deberá partir, como una tempestad.
Una tempestad llega, queda un momento y deberá partir.

No debemos morir a causa de una emoción, nosotros somos verdaderamente más grandes que una emoción, verdaderamente, verdaderamente más.
Entonces, cuando sintáis que la emoción va a manifestarse, que llega, es muy importante que os instaléis en una posición sentada, una posición bien estable.

Incluso podéis acostaros, es también una posición muy estable, y dirigís vuestra atención a vuestro vientre y estáis atentos a sentir vuestro vientre elevarse y descender.
Respiráis profundamente y concentráis toda vuestra atención a sentir vuestro vientre elevarse y descender.
En posición de loto, como yo estoy, yo diría que el nivel de mi cabeza es el remate del árbol. No me quedaré aquí, desplazaré mi atención hacia abajo, hacia el tronco del árbol que está justo debajo del ombligo.

Sabéis que es peligroso quedarse en el ojo de la tempestad.
El ojo de la tempestad está en la cabeza, entonces descended hasta debajo del nivel del ombligo y comenzad a practicar la respiración en plena conciencia, inspirad y espirad profundamente y concentrad toda vuestra atención sobre vuestro abdomen que se eleva y desciende.

Podéis practicar así durante diez, quince o veinte minutos y veréis que estáis fuertes, lo bastante fuertes para resistir a la tempestad.
En la posición sentada o acostada, engancharos a vuestra respiración como una persona se engancha a su chaleco salvavidas en la mitad del océano y os daréis cuenta que sois lo bastante fuertes para resistir a la emoción y un poco más tarde esta emoción partirá.
Durante este momento de respiración, podéis observar que una emoción no es más que una emoción y que vosotros sois mucho, mucho más que una emoción.

 Una emoción es algo impermanente.

Viene, permanece un momento y se irá. 
Estaréis asombrados al constatar que sois capaces de resistir a una emoción sólo practicando la respiración en la plena consciencia y concentrándoos en el movimiento de vuestro abdomen que se eleva y desciende. 

 Es muy eficaz pero, por favor, recordad una cosa: no esperéis a tener una gran emoción para practicar porque si esperáis, olvidaréis la práctica. Es preciso practicar ahora.

Hoy estáis bien; no os resentís de una gran emoción. 
Es el buen momento para aprender a practicar, para comenzar la practica.

Y si lo hacéis durante tres semanas, veintiún días, esto se convertirá en un hábito. Practicad diez minutos por día y cuando la emoción llegue, recordaréis la práctica de forma natural. 
Sentaros y practicad la inspiración y la espiración y concentrad vuestra atención sobre vuestro vientre y si una vez os llega una emoción, tendréis confianza en la práctica y diréis a vuestra emoción: “De acuerdo, si vuelves, actuaré de la misma manera”. 
No habrá miedo en vosotros, porque sabéis que podéis hacerlo. 

Practicad regularmente, habrá muchos efectos positivos en vosotros, en vuestra salud, y si enseñáis a otra persona como practicar, a vuestro hermano, vuestra hermana o vuestro hijo, esto puede ayudar a salvarle la vida en el futuro. 
En nuestros días, muchos jóvenes no saben curar sus emociones y el número de personas que se suicidan a causa de sus emociones es muy elevado. 

Es un ejercicio simple, pero muy importante. Cuando estáis tan airados que la desesperación parece tan grande, que vuestro miedo está tan vivo, acordaros, por favor, de practicar. 

Os aconsejaría comenzar hoy, en la posición sentada, donde estéis, y practicar durante diez o quince minutos y hacer lo mismo mañana, y en tres semanas, esto se hará un hábito y si no practicáis, sentiréis que algo se os escapa, que os falla algo.

 Vuestra práctica os aportará mucho bienestar, mucha estabilidad y eso es la mejor protección que os podéis aportar a vosotros mismos. 
Pienso siempre que la energía de la plena conciencia es la energía del Buda, la energía de Dios, que puede protegernos en todo instante y que está en nosotros, en nuestro interior. 

Cada vez que tocáis la simiente de la plena consciencia y que practicáis la respiración consciente, esta energía está allí para protegeros. Ella nos ayuda a no decir o a no hacer las cosas que no queremos decir ni hacer.


Cada día, practicamos un poco de caminar en plena consciencia, de respiración en plena conciencia y tenemos esta energía para nosotros, esta energía que nos protege.

Si sabéis cómo producir la energía de la plena conciencia, os volvéis verdaderamente presentes, verdaderamente vivos. Sois capaces de comprender la situación, de experimentar la compasión, y esto lo cambiará todo.





Thich Nhat Hanh

(Segunda parte de “Ser libre allí donde estéis”, enseñanza dada por Thây en el centro correccional de Maryland, Estados Unidos, el 16 de octubre de 1999)

http://momentopresentemomentomaravilloso.blogspot.com.ar/2009/08/tempestad.html






SAIKU









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